miércoles, 21 de julio de 2010

Reconciliarse

Nada más maravilloso que recibir la llamada de quien desea restaurar la paz después de la batalla. ¡Qué facil es levantar el teléfono y decir: "quiero verte"! Y sin embargo, ¡cuánto cuesta a nuestro orgullo herido! Hoy la pleamar se lleva entre sus olas malentendidos, deshace nudos de tristeza e impulsa la barca de la amistad con viento fuerte de levante para henchir la velas.
Agradezco el café de media tarde, el diálogo sincero, la mirada franca y el deseo de superar dificultades y mirar al futuro. Hoy aprendo grandeza de ánimo, descubro el valor escondido de las personas con los que comparto tareas y sueños y doy gracias por cada uno de ellos.
El susurro del viento me recuerda que al crecer toca arrostrar el conflicto, descubrir posiciones diferentes, bregar con todo aquello que no agrada y navegar en ese mar proceloso que nos pone en el dificil equilibrio de defender la verdad y las convicciones y tratar con paciencia y tiento a quién comparte conmigo singladura.
Por eso, amigo o amiga que te sientas en la balaustrada conmigo al socaire de la noche, déjame que te diga:
¡qué bien sabe, qué hermosa es la  reconciliación! Si alguna vez, las cuadernas de nuestra barca chocan, no olvides descolgar el teléfono y decirme: ¡quiero verte!¡tengo que hablar contigo!

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